La profesión veterinaria comparte con otras profesiones sanitarias —como la medicina o la enfermería— una gran vocación… y también un alto nivel de estrés.
El llamado “síndrome de burnout” o síndrome de agotamiento profesional se define como una respuesta al estrés laboral crónico, y suele manifestarse con:
En veterinaria, los factores estresantes son especialmente elevados: largas jornadas de trabajo, sueldos a menudo poco acordes con la responsabilidad, la presión de “salvar vidas”, comunicar malas noticias, tratar con clientes exigentes, tomar decisiones condicionadas por presupuestos, la dificultad para conciliar la vida personal, los errores médicos… y la lista sigue. Por otra parte, la cultura de entrega vocacional impulsa a los veterinarios, pero también los lleva a poner las necesidades de los animales y sus dueños por encima de las suyas propias.
De acuerdo con un informe del 2023 de la Asociación de Veterinarios Especialistas en Pequeños Animales (AVEPA) y la Universidad Autónoma de Barcelona, hasta un 20 % de los veterinarios encuestados mostraron signos sugestivos de depresión. Un 38 % de los profesionales valoraron como "malo o regular" su estado de salud físico, mientras que el 47 % indicaron lo mismo respecto a su salud mental.
El estrés prolongado no solo afecta a la mente, sino también al cuerpo: debilita el sistema inmunitario, provoca insomnio, dolores de cabeza, irritabilidad y desequilibrios metabólicos, entre otros síntomas.
Por eso, reconocer las señales de alerta y actuar a tiempo es fundamental.
El bienestar emocional del veterinario debe ser una prioridad. Apoyar al personal clínico, promover el bienestar y reducir el estigma en torno a la salud mental son pasos clave para prevenir el abandono de la profesión.
Concienciar, escuchar y actuar son las mejores herramientas contra el burnout. 💚