La Toxoplasmosis es una enfermedad zoonótica provocada por la infección por Toxoplasma gondii. Sus síntomas van desde ninguno hasta fiebre, malestar general, mialgia y con menor frecuencia, faringitis que puede simular una mononucleosis. Las personas inmunodeprimidas o las mujeres embarazadas son los dos grupos más vulnerables a esta enfermedad.
Los únicos huéspedes definitivos documentados de T. gondii son los miembros de la familia de los felinos (gatos domésticos y otros animales relacionados). La reproducción sexual de T. gondii se observa en el tubo digestivo de estos animales, donde los ovoquistes resultantes se eliminan a través de las heces y conservan su capacidad infecciosa en el suelo húmedo durante varios meses.
En el caso del gato la vía de contagio más común es la carne cruda, por lo tanto, los gatos callejeros o con acceso al exterior tienen más probabilidades debido a su instinto cazador y su dieta carnívora. Por el contrario, los gatos indoor y que tengan una dieta exclusiva basada en alimentos comerciales, cocinados o previamente congelados, no pueden infectarse.
Si sospechamos de toxoplasmosis resulta fundamental que acudamos cuanto antes a su centro veterinario para realizar las pruebas diagnósticas pertinentes y así, proceder a administrarle el tratamiento más adecuado. En el curso de medicina felina contarás con casos clínicos reales, protocolos de diagnóstico y los tratamientos más actualizados.
La infección por T. gondii generalmente da lugar a un síndrome clínicamente inaparente que conduce al estado de portador. El grado de afectación dependerá de la edad del animal, del estado inmunitario, de la virulencia del parásito y de la forma de infección.
Los más frecuentes son la fiebre, la anorexia y la letargia. Otros signos más específicos pueden ser:
Aunque el parásito no se puede eliminar por completo del organismo del gato, sí se puede acabar con los síntomas que conlleva, aplicando ciertos fármacos. Los más utilizados por los especialistas son: